¿Por qué no construir en Riberas, si “hay parcelas”?
Una de las frases que más repetimos quienes vivimos en Riberas es esta: “Riberas no tiene parcelas para construir”. Y no es un eslogan. Es una realidad urbanística.
La edificabilidad del barrio está agotada. Eso significa que Riberas ya ha alcanzado el límite de construcción previsto para poder mantener unas condiciones mínimas de calidad de vida y unos servicios adecuados.
El problema es que ahora se pretende utilizar suelo reservado para equipamientos y servicios públicos para levantar nuevos alojamientos. Es decir: en lugar de crear los servicios que necesita un barrio que sigue creciendo, se eliminan esos espacios para meter todavía más población.
Es como llevar a tu hijo a un colegio donde faltan profesores y, en vez de contratar más docentes, deciden quitar la mesa del profesor para meter más alumnos en clase.
No se trata de egoísmo ni de capricho. Otros barrios consolidados, como Egia o El Antiguo, apenas tienen parcelas libres porque ya cuentan con servicios, equipamientos y una estructura urbana madura. En Riberas, en cambio, se nos sigue negando desde hace más de 20 años aquello que estaba previsto para el barrio. Y ahora, además, quieren secuestrar definitivamente esos espacios.
“Es una emergencia y hay que priorizar la vivienda”
Todos entendemos la emergencia habitacional. Nadie discute la necesidad de vivienda pública y social.
Pero precisamente por ser un problema serio, no puede resolverse saltándose las normas urbanísticas y degradando las condiciones de vida de los vecinos.
Riberas ya tiene agotada su edificabilidad. Entonces, ¿cómo pretenden construir más?
Mediante la figura de los alojamientos dotacionales, una fórmula que permite levantar infravivienda en lugares donde, en condiciones normales, no estaría permitido construir vivienda residencial.
Es decir: donde la normativa protege a los ciudadanos y limita la construcción, algunos responsables políticos buscan fórmulas para esquivar esas mismas normas.
Las reglas urbanísticas existen por una razón: garantizar barrios habitables, equilibrados y con servicios suficientes. Cuando se fuerzan excepciones continuamente, quienes pagan las consecuencias son los vecinos.
¿Por qué nos oponemos?
Porque creemos que ese no es un lugar digno para vivir.
Y no somos los únicos. Partidos tan diferentes como EH Bildu, PP o Podemos se han opuesto en distintas ocasiones a proyectos similares como las torres de la rotonda. No es una cuestión ideológica. Es una cuestión de sentido común.
Un lugar donde las personas van a empadronarse y vivir —en algunos casos, personas mayores de manera indefinida— debe cumplir unas condiciones mínimas de habitabilidad.
No se puede considerar aceptable vivir junto a un tráfico constante de decenas de miles de vehículos diarios, soportando niveles de ruido incompatibles con el descanso y la salud.
Las personas con menos recursos no son ciudadanos de segunda. Un anciano no merece pasar sus últimos años viviendo prácticamente en medio de una autopista.
La vivienda se ha convertido en una batalla política
El problema es que la vivienda se ha convertido en un arma política.
Muchos responsables públicos ya no ven personas ni barrios: ven titulares, inauguraciones, fotografías y votos.
Y en medio de esa pelea, los ciudadanos pasamos a un segundo plano.
Mientras tanto, la realidad es otra: las normativas dicen unas cosas y los discursos políticos otras muy distintas. Hoy prometen determinados usos o perfiles de ocupación, pero mañana esas condiciones pueden cambiar completamente.
Los vecinos tenemos derecho a preocuparnos por el futuro de nuestro barrio y por posibles problemas de convivencia derivados de decisiones tomadas sin planificación ni consenso.
Y también tenemos derecho a exigir que quienes toman estas decisiones conozcan la realidad diaria del barrio, en lugar de actuar únicamente pensando en su carrera política o en una foto para prensa.
Información, propaganda y silencio
Durante años quisieron organizar grandes sesiones “informativas” para convencer al barrio de las bondades del proyecto.
Ahora que los vecinos estamos informados, el modelo ha cambiado: buzoneos pagados con dinero público, mensajes parciales en prensa y campañas en redes sociales.
Y cuando desde el barrio se desmontan datos falsos o se corrigen afirmaciones engañosas, la respuesta suele ser bloquear comentarios o eliminar críticas.
Solo vale un discurso. Sin réplica.
Querían vecinos dóciles e ignorantes. Porque era más fácil prometer unos servicios que llevan más de 20 años negándonos y que nunca han tenido verdadera intención de desarrollar.
Defender Riberas no es ir contra nadie
Defender Riberas no es estar contra la vivienda social, porque Riberas es un modelo de convivencia con más vivienda pública construida que ningún barrio de la ciudad.
Es defender que las soluciones habitacionales se hagan bien, en lugares adecuados, con planificación, con servicios y respetando unas condiciones mínimas de cantidad, dignidad y convivencia.
Queremos vivienda pública. Pero también queremos barrios habitables.
Y ambas cosas deberían ser compatibles en una ciudad bien gestionada.

